martes, 6 de marzo de 2012

Nuestra revinculación con EEUU

Medio: La República


Fecha: 6-03-12

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La pérdida relativa de poder mundial que ha sufrido EEUU durante la última década representa uno de los datos centrales para analizar el estado actual de los asuntos en el sistema internacional. La nueva coyuntura se caracteriza por un poder menos concentrado aunque todavía predominante en la esfera militar donde no hay ningún país que pueda rivalizar en este ámbito del poder real. La Casa Blanca, como señala el académico norteamericano Noam Chomsky en dos extensas notas publicadas recientemente en el periódico inglés The Guardian, tiene una menor capacidad para llevar adelante sus designios a nivel global a pesar de no haber modificado los principios de influencia y control que conforman su política exterior.

La mayor distribución del poder en el mundo, como resultado en gran medida de una sucesión de errores propios de los líderes norteamericanos en su reacción a los ataques terroristas del 11-S, ha generado, en particular para Sudamérica, la posibilidad de tener un inédito margen de maniobra para concertar políticamente y avanzar en el proceso de integración. El debilitamiento de los tradicionales condicionamientos e imposiciones se ha traducido también en la posibilidad de impulsar políticas sociales favorables a las demandas de mayorías históricamente postergadas.

En esta misma línea de pensamiento se inscribe la obra Cómo Sudamérica dejó de escuchar a los Estados Unidos y comenzó a ser próspera que acaba de lanzar el ex corresponsal del Financial Times para los países andinos Hal Weitzman. La tesis central de su libro es que la declinación de la influencia norteamericana y su desatención de la región, llegando al nivel histórico más bajo, tuvo lugar junto a una decidida voluntad de los líderes de Sudamérica por seguir sus propias políticas. Weitzman propone como desafío clave de los EEUU, para encontrar un nuevo lugar en un mundo con potencias que emergen, una revinculación con la región.

El desafío de pensar cómo rehacer el vínculo a partir de las nuevas realidades es algo que también nos atañe a los sudamericanos. En esa búsqueda sería ciertamente un error privilegiar el aislamiento y la profundización del distanciamiento. Una nueva articulación, mediante un diálogo en pie de igualdad, debería tener como objetivo la construcción de una agenda conjunta que posibilite encarar los grandes desafíos que amenazan a nuestras democracias por igual. Quien mejor ha entendido, dentro de los círculos de la política norteamericana, la necesidad de impulsar un diálogo bajo esas premisas ha sido el ex presidente Jimmy Carter, haciendo realidad una agenda común entre personalidades provenientes de la sociedad civil de EEUU y cinco países andinos.


La semilla plantada por Carter ha logrado tener continuidad en la discusión sobre alternativas de políticas antidrogas por parte de algunas de las personalidades que participaron del proceso original. El ejemplo de un proceso de diálogo de estas características nos demuestra que es posible y necesario profundizar la búsqueda de soluciones comunes en el marco de la nueva realidad política entre Sudamérica y EEUU.