Medio: La
República
Fecha:
13-03-12
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La
compleja realidad de un mundo globalizado está dejando a las políticas
nacionales que implementan los países en inferioridad de condiciones y con una
baja efectividad frente a múltiples y complejos desafíos que se tornan, de
manera creciente, en transnacionales.
El
fenómeno convierte en imprescindible una mayor y más vigorosa interrelación
entre los gobiernos y la necesidad de fortalecer el multilateralismo. En este
marco, las reuniones internacionales, donde asisten las máximas autoridades
políticas, son una oportunidad única para lograr impulsar acciones concertadas
que superen las pequeñas realidades nacionales que nos gobiernan.
El
próximo 14 y 15 de abril tendrá lugar en Cartagena de Indias la VI Cumbre de
las Américas, el único encuentro cara a cara entre todos los jefes de estado y
gobierno de la comunidad de democracias que conforman la OEA. La reunión
hemisférica, cuya primera edición tuvo lugar en Miami en 1994, es esencialmente
un foro político al más alto nivel donde se discute acerca de los desafíos comunes
que enfrentan las democracias. Entre sus más importantes logros se apunta el de
haber contribuido con la adopción de la Carta Democrática Interamericana, el
acuerdo regional más ambicioso en la difusión y promoción de la democracia.
Bajo
el lema “Conectando las Américas: Socios para la Prosperidad” el encuentro
tiene como anfitrión, en esta oportunidad, al gobierno de Colombia que ha
puesto en marcha, desde su Cancillería, una interesante dinámica para ampliar y
fortalecer el debate y la consulta sobre los temas que tratarán las
autoridades. El objetivo buscado, a través de la realización de 25 encuentros
en distintos países con académicos, representantes de la sociedad civil y
expertos de organismos internacionales, ha sido el de recoger ideas e impresiones
sobre la agenda de temas que se abordarán en la Cumbre.
El
notable esfuerzo desplegado por el gobierno de Colombia, tratando de enriquecer
las deliberaciones mediante la inclusión de la sociedad civil, se inscribe en
una costumbre que felizmente se ha ido profundizando durante los últimos años
para estas instancias y es la de otorgar un espacio de participación a los
distintos sectores que conforman la pluralidad y heterogeneidad de los países.
La ejemplaridad de esta iniciativa colombiana, con tantos encuentros, parece
inscribirse en esa seguidilla de políticas positivas que ha puesto en marcha el
presidente Santos desde que asumiera el poder para fortalecer la democracia
colombiana, el multilateralismo y la concertación en la región.
La
reunión de Cartagena tiene la oportunidad de culminar con un saldo altamente
auspicioso si los gobiernos toman en cuenta este antecedente de trascendencia y
logran finalmente plasmar un documento que refleje las distintas opiniones y
sugerencias recogidas a lo largo del proceso de consulta. En ese grado de
importancia se encuentra también la propuesta del gobierno colombiano de lograr
un documento que exprese un mandato claro, preciso, factible de ser ejecutado y
monitoreado. Las claves de una cumbre diferente y con resultados tangibles
podrían estar en estas directrices.