Medio: La
República (Perú)
Fecha: 25/01/2012
Nota:
El
francés Alexis de Tocqueville se embarcó en 1831 en viaje oficial hacia los EE.
UU. para estudiar su sistema penitenciario, aunque el verdadero interés que
tenía era conocer el funcionamiento de la democracia norteamericana. Las
observaciones que resultaron de su investigación quedaron plasmadas en la obra
La Democracia en América.
Una
primera cuestión que sorprendió a Tocqueville fue encontrarse con una sociedad
sin estratos sociales. A diferencia de cómo estaba estructurada Europa, donde
el origen familiar determinaba la vida de las personas, la igualdad de
condiciones era la mancha que se esparcía con fuerza para influir en los
diversos órdenes de una sociedad en la cual los pobres y los ricos
representaban apenas una pequeña franja.
Tal
como lo demostraba el caso de EE. UU. era posible que los valores igualitarios
de un gobierno surgido de la soberanía popular se articularan con los valores
del liberalismo de un gobierno limitado y responsable. El mayor peligro que
veía Tocqueville estaba en la posibilidad de una alteración de la convivencia
entre la igualdad y la libertad derivada de la presión social contra aquellos
que disintieran con la opinión mayoritaria ejerciendo su derecho a pensar
distinto. Había que salvaguardar entonces la libertad bajo una corriente
democrática universal.
Hoy
día, sin embargo, la esfera de la igualdad es la que estaría en grave retroceso
a juzgar por los datos y las movilizaciones de ciudadanos indignados que tienen
lugar en ciudades como Nueva York o Madrid. Las democracias más desarrolladas
del planeta, aun las más igualitarias como Dinamarca o Suecia, registran una
distribución del ingreso que ha ido empeorando durante las últimas tres décadas
según las cifras que difundió la OCDE en un informe de 2011 titulado “Divididos
Estamos”. Mientras que en 1980 la distancia promedio de ingresos entre el 10%
más rico y el 10% más pobre era de 5 veces ahora es de 6 veces en estos
países. Al presentar el informe el SG de la OCDE enfatizó un concepto que
gana consenso en el mundo y es que el crecimiento económico no derrama
automáticamente a los más pobres y que un plan integral se torna imprescindible
para asegurar la inclusión social.
En
la búsqueda de igualdad se han cometido todo tipo de abusos y atropellos pero
no deja de ser un ideal democrático al cual se debe aspirar. Brasil, uno
de los países más desiguales de la Tierra, puso en marcha un programa de
transferencia condicionada de dinero que ha sido perfeccionado y expandido
durante la última década generando una disminución en los niveles de
desigualdad. El éxito de los brasileños, combinando el fortalecimiento de sus
instituciones con políticas orientadas a los desposeídos, despierta admiración
aunque se trata del inicio de un largo camino.
El
alejamiento del ideal democrático igualitario socava las bases de la
prosperidad y el bienestar general que observó Tocqueville. Es en ese ideal
donde los gobiernos deben centrar sus esfuerzos mientras procuran que no sea
vulnerado el estado de derecho.