Título: “Arde
nuestra casa”
Medio: La
República (Perú)
Fecha:
07/12/2011
Link: http://www.larepublica.pe/columnistas/desde-fuera/arde-nuestra-casa-07-12-2011
Nota:
Mientras
la actual crisis financiera global pone en vilo a gran parte del mundo,
ocupando los principales titulares de los diarios y la atención de los líderes
políticos, la Organización Mundial de Meteorología difundió, durante la Cumbre
Mundial del Clima que tiene lugar en Sudáfrica, un dato con carácter estremecedor:
2011 es el año más cálido según el registro global de la temperatura que se
hace desde 1850.
Nuestro
planeta, de acuerdo a la evidencia que disponemos y las consecuencias que
comenzamos a sentir, arde inexorablemente como resultado de las emisiones
contaminantes que genera la actividad humana. A pesar de los alarmantes datos y
un creciente consenso global sobre las gravosas e irreversibles consecuencias
que estaría generando este fenómeno los países no logran, sin embargo, ponerse
de acuerdo para evitar un problema que atenta contra nuestra propia
supervivencia.
Lograr
que las emisiones se reduzcan para evitar que el calentamiento global no supere
los dos grados centígrados en relación con los niveles de la era preindustrial,
como se intenta acordar para evitar la catástrofe, demandaría reducir hacia
2020 entre un 30 a
40% las emisiones con respecto de los valores de 1990. Estas metas resultan más
ambiciosas que la reducción establecida por el Protocolo de Kioto en 1997,
según el cual los países desarrollados debían reducir en un 5% el nivel de sus
emisiones para el año 2012. Fue por la falta de adopción de este acuerdo,
justamente por los EEUU que es el mayor emisor de gases que produce el efecto
invernadero, que el Protocolo quedó rengo y en dificultades.
La
cooperación necesaria para llegar a un nuevo acuerdo entre los representantes
de 194 países que negocian en la Cumbre, se enfrenta por igual con varios
obstáculos difíciles de superar. En primer lugar, los países no parecen
dispuestos, en especial los desarrollados que tienen mayor responsabilidad en
el asunto, a realizar el sacrificio económico que demandaría el establecimiento
de metas de emisión. La falta de una verdadera voluntad para repartir las
cargas del sacrificio, como sucedió con el Protocolo, está acompañada, a su
vez, por la desconfianza que genera el cumplimiento real y sin trampas de
las metas que se puedan establecer. Una tercera cuestión, que se deriva de la
misma, hace referencia al acuerdo del tipo de inspecciones y mediciones que se
necesitaría hacer de modo a evitar que se burlen los compromisos asumidos, algo
que China, el mayor emisor entre los países en desarrollo, parece reacia a
apoyar.
Por
último, restaría acordar las penalidades que se aplicarían para los incumplidores. La
imposibilidad de lograr un acuerdo de solución entre los países, aun estando en
peligro la vida en la Tierra, dependerá entonces de una sociedad civil que tome
conciencia y demande, presione y exija a sus gobernantes llegar a un
entendimiento antes que las llamas devoren nuestra más hermosa casa.