Medio: La República (Perú)
Fecha:
04/10/2011
Link: http://www.larepublica.pe/columnistas/desde-fuera/un-modelo-agotado-04-10-2011
Nota:
La
autorización de una carretera de 300 kilómetros en el Territorio Indígena y
Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS) y la posterior represión policial para
imponer una decisión unilateral, sin la respectiva consulta previa como
establece la Constitución del Estado plurinacional de Bolivia para proyectos
que afecten a las comunidades, han generado una de las más agudas crisis
políticas en el gobierno de Evo Morales desde que accediera al Palacio Quemado
en 2006.
Los
indígenas marchan con decisión hacia La Paz para solicitar la aprobación de una
ley que brinde protección a la mayor reserva natural de Bolivia. El gobierno, a
pesar del pedido de disculpas a las víctimas y la remoción de dos ministros de
su gabinete, tampoco ha dado marcha atrás, acaso sin comprender lo que está en
juego, saliendo a buscar el apoyo de las federaciones de cocaleros del trópico
de Cochabamba para poder avanzar de todas maneras con un referéndum de consulta
a la población.
El
conflicto en Bolivia, al igual que las protestas en Chile en contra de una
iniciativa gubernamental para construir cinco represas en el sur de la
Patagonia o el recurso de una asamblea vecinal que intenta frenar la
construcción de una planta geotérmica en los paraísos invernales de Caviahue y
Copahue en una provincia de Argentina –para nombrar ejemplos recientes y
cercanos–, representa un creciente cuestionamiento por parte de ciudadanos,
organizaciones ambientalistas, comunidades y magistrados judiciales a un modelo
de desarrollo con consecuencias irreversibles para la naturaleza y la
supervivencia de las futuras generaciones.
A
pesar del creciente consenso a nivel de la sociedad sobre los efectos mortales
que genera la expansión del capitalismo, como el calentamiento global y el
derretimiento de los glaciares, no existe todavía un correlato a nivel de los
gobiernos para impulsar los cambios de un modelo de desarrollo que necesita
urgentemente ser revisado. Los magros resultados arrojados en la Cumbre de la
ONU sobre Cambio Climático, que tuvo lugar en Copenhague en 2010, mostraron con
crudeza cómo los gobiernos, en especial aquellos con mayor responsabilidad en
la reducción de las emisiones que generan el cambio climático, están a merced
de la influencia de los intereses económicos que bloquean la posibilidad de hacer
los sacrificios necesarios para revertir la catástrofe ambiental.
Las
diversas acciones de una sociedad civil que está de pie y movilizada para
tratar de poner freno a nuestra propia tragedia, demandando los cambios que los
gobiernos no quieren, no saben o no pueden impulsar, representan la última
esperanza de una humanidad que asiste en vivo y en directo al espectáculo de su
propia destrucción.