Medio: La República (Perú)
Fecha:
27/09/2011
Nota:
Argentina
tendrá elecciones presidenciales en octubre y, a juzgar por los resultados de
las recientes primarias, que le dieron a la actual presidenta Cristina
Fernández un amplio margen con respecto a sus rivales, el acto electoral será
un mero trámite formal. Los opositores, que en una suerte de concesión
anticipada manifiestan al unísono que no tienen posibilidad alguna de aspirar a
la presidencia en este turno, han decidido direccionar sus estrategias para
obtener el premio consuelo del segundo lugar, ilusionados con la posibilidad de
convertirse en interlocutores privilegiados del escenario político de la
próxima etapa.
La
primera víctima de estas elecciones primarias, en las que la presidenta
consiguió una distancia de más de 30 puntos con respecto al segundo, han sido
los encuestadores y consultores políticos. Con un resultado tan contundente y
con una reelección que todos ya asumen como una realidad innegable, la
necesidad de contratar encuestas que midan posibilidades de disputar la llegada
al poder y delinear estrategias para la conquista del máximo premio político se
torna anecdótica.
El mayor problema, sin embargo, reside en la falta de una oposición estructurada y con posibilidad de generar una alternativa frente a las políticas del actual gobierno. En este escenario, en el que la ciudadanía no parece dispuesta a apoyar opciones que no ofrezcan gobernabilidad, la alternancia se diluye como posibilidad y la democracia argentina camina coja.
La
fragilidad del sistema político arrastra las consecuencias de la implosión
generada por la crisis del 2001 que barrió con los partidos políticos dejando
al peronismo como único sobreviviente. La identidad histórica, la versatilidad
ideológica y el grado de articulación con la sociedad a través de una red de
operadores locales le permitieron no solamente superar el trágico destino de
los otros partidos frente a la crisis sino salir fortalecido dentro del sistema
político. Sin alternativa que le pueda disputar seriamente el acceso al poder
desde afuera, los mismos peronistas temen a la oposición que surgirá entre sus
propias filas por parte de dirigentes con experiencia y ávidos de controlar los
recursos del poder.
La
otra cara del escenario actual es acaso la capacidad desplegada por el
matrimonio Kirchner para volver a poner a lo político como eje ordenador del
sistema y crear un marco de gobernabilidad en un país cuyos ciclos de
inestabilidad han tenido consecuencias dramáticas. La cuestión de fondo es
probablemente entonces aquello que Juan D. Perón manifestaba: “La política no
se aprende, la política se comprende, y solamente comprendiéndola es como es
posible realizarla racionalmente”.