martes, 6 de septiembre de 2011

El otro 11S

Medio: La República (Perú)

 


Nota:
El 11/9/01 el mundo contemplaba perplejo el ataque terrorista contra los EEUU. En esa triste jornada los cancilleres de los 34 países de la OEA se encontraban reunidos en Lima para aprobar la Carta Democrática Interamericana. El documento, cuya adopción unánime tenía como objetivo dar una señal sobre la importancia de la democracia en aquellos momentos de dramatismo, se concibió como un instrumento jurídico de carácter multilateral destinado a proteger y fortalecer a las democracias del hemisferio frente a los nuevos desafíos.
Desde 1991 la OEA había ido adoptando distintas resoluciones para evitar y enfrentar situaciones de interrupción abrupta o irregular de un proceso político democrático.  Mediante la Carta se buscaba complementar y fortalecer aquellas medidas, previstas esencialmente para prevenir los golpes militares, que ya no alcanzaban para asumir el desafío de gobiernos que, a pesar de haber sido elegidos de manera democrática, ejercían el poder de forma autoritaria.
El lugar y la fecha donde se adopta fueron ciertamente un reconocimiento al Perú por impulsar una iniciativa que buscaba evitar la repetición de una experiencia como la del fujimorismo. El criterio que se inauguraba con la Carta era que no solamente se trataba de ser elegido democráticamente; se debía también gobernar democráticamente sin vulnerar o erosionar el Estado de Derecho y la separación de poderes. Es decir que, como parte del régimen de protección de los sistemas democráticos, se introducía la dimensión del funcionamiento de la democracia asumiendo que la celebración periódica de elecciones libres y transparentes era un requisito necesario pero no suficiente para su existencia y vigencia.
El espíritu y la letra de la Carta, sin embargo, introdujeron otra cuestión trascendente al referirse al vínculo entre el desarrollo y la democracia. La atención a la desigualdad y la exclusión se tornaron sustanciales al ser consideradas, como señala el artículo 12 de la Carta, como “factores que inciden negativamente en la consolidación de la democracia”. Se incorpora entonces, como requisito para la vigencia del sistema democrático, no solo el funcionamiento sino también el desarrollo integral que supone la plena participación de los ciudadanos a partir de la eliminación de las desigualdades económicas y sociales.
Al celebrar los diez años de la Carta Democrática Interamericana los Estados deben tener en cuenta que han adquirido un compromiso con todas las dimensiones que señala de manera clara ese texto. La forma de acceder y de ejercer el poder como requisitos para la democracia se iguala con la obtención de resultados en beneficio de las mayorías excluidas. Resulta auspicioso que algunos gobiernos hablen hoy de inclusión social como su prioridad.