martes, 9 de agosto de 2011

Otra vecindad ejemplar

Medio: La República (Perú)


 


Nota:
Los inesperados giros de la gestión de Juan Manuel Santos como presidente de Colombia, para sorpresa y beneficio de propios y extraños, han contribuido a generar una mejor perspectiva en su país y confirmar el momento especial de entendimiento y cooperación que atraviesa la región. El impulso de una relación estrecha con Venezuela y el rol desempeñado para fortalecer Unasur son acaso los rasgos que mejor representan el balance de su primer año como presidente.
Las buenas noticias de Colombia vienen acompañadas de otro dato positivo para la realidad sudamericana: el cambio político que ha tenido lugar en el Perú con la elección de un presidente que impulsa, a través de una amplia concertación, la inclusión social y reafirma el multilateralismo para avanzar en la integración regional como el principio rector de su política exterior. Los ejes anunciados por el presidente Humala y las primeras acciones impulsadas desde que asumiera la conducción del gobierno representan también un paso trascendental para afianzar la coyuntura favorable que está teniendo lugar en la región. 
Colombia y Perú tienen la oportunidad de profundizar el acercamiento que ya están construyendo con hitos como la fusión de sus bolsas de valores por nombrar un ejemplo positivo en esta materia. La apuesta por fortalecer la unidad entre los dos países, que tienen el mayor crecimiento económico de la región y comparten desafíos de inclusión social y fortalecimiento de sus capacidades estatales, requerirá de la construcción de una ambiciosa agenda bilateral que posibilite aumentar los niveles de intercambio comercial, compartir experiencias y aprendizajes en torno a desafíos como la lucha contra el narcotráfico o el desarrollo de las comunidades más postergadas priorizando la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad que comparten pero asegurando, al mismo tiempo, el crecimiento económico y la inversión extranjera.
Perú, por su historia única de tradición sanmartiniana y bolivariana conjugada durante el proceso de independencia, se siente llamado a escribir uno de los capítulos de la promisoria etapa que se abre y jugar un rol vertebrador entre las dos corrientes que han forjado el devenir de los países sudamericanos. Para lograrlo deberá, al igual que ya lo hizo de manera ejemplar con Ecuador, impulsar con Colombia una relación mucho más estrecha y con mayor densidad.

Los beneficios mutuos que aguardan en este camino de unión son potencialmente enormes. En otras palabras, todas las posibilidades para otra vecindad ejemplar en la región y el comienzo de una nueva etapa histórica, que ya se avizora, están dadas.