jueves, 25 de agosto de 2011

Legal pero ilegítimo


Título: “Legal pero ilegítimo”

 

Medio: La República (Perú)


 


Nota:

La reciente polémica en torno a los gastos de instalación que cobran los congresistas al iniciar su mandato se torna en una oportunidad para revisar el rol que le cabe al Congreso en el funcionamiento del sistema republicano y el sentido del mandato que reciben los representantes.
El cobro de gastos en conceptos de instalación, como fuera previsto solamente para aquellos congresistas que llegan desde alguna provincia a instalarse en la ciudad de Lima es una medida necesaria y bien pensada.  La interpretación extensiva por la cual todos los congresistas, sin distinción alguna, pueden percibir de todas maneras ese beneficio tergiversa groseramente su sentido.
El cobro percibido por congresistas reelegidos y aquellos que ya residen en Lima, para afrontar los gastos de un traslado y una instalación que no tendrán lugar, ha sido legal y dentro de las normas internas que rigen el funcionamiento del Congreso pero claramente ilegítimo. En uno de esos casos un congresista manifestó que solamente se quedaba con un sol y el resto lo donaba a entidades de bien público en vez de optar, como lo hicieron de manera ejemplar muchos de sus colegas autorregulándose, por renunciar al cobro. Canalizar dinero público para hacer beneficencia duplica innecesariamente la política social que se ejecuta desde el Ministerio respectivo y podría ser interpretado como una forma de proselitismo encubierto dado que se asigna bajo criterios discrecionales.
El presidente del Congreso debería promover un debate interno conducente a una reforma del reglamento de modo de ajustar y precisar la medida en cuestión. El Congreso representa una de las instituciones centrales en el esquema de división de poderes del sistema republicano. Su fortaleza y credibilidad forman parte del acervo necesario para que las leyes que sanciona gocen de legitimidad frente a una ciudadanía que debe cumplirlas. Un Congreso cuestionado y deslegitimado, en el juego de los sistemas presidencialistas donde tienen que ejercer su rol de balance y control frente a un Poder Ejecutivo fuerte y con gran capacidad de iniciativa,  es un precio muy alto que afecta directamente a la calidad institucional y al desarrollo del país.
La representación conlleva la responsabilidad de velar por la salud de la institución para la cual han sido elegidos pues el cargo no hace a la persona, lo dignifica la persona con sus conductas y decisiones. La ciudadanía espera que los políticos se postulen para servir y no para servirse pues como reza el adagio la mujer del César no solo de ser honrada sino además parecerlo.