Medio: La Nación (Argentina)
Fecha:
13/05/2011
Nota:
Los argentinos nos hemos ido
acercando progresivamente, al decir del filósofo Santiago Kovadloff, a la
cultura del encuentro mediante la construcción de consensos colectivos. Los
acuerdos que hemos sabido conseguir en esta historia, aunque todavía
incompleta, son esencialmente el respeto de la voluntad popular como único
mecanismo posible de acceso al poder y la protección de los derechos
inalienables de las personas.
La gran mayoría considera
ahora que solamente a través del voto se llega al gobierno y las diferencias
políticas deben ser resueltas pacíficamente sin destruir al adversario mediante
la violencia. Estos avances son de enorme importancia, si revisamos nuestra
dramática historia previa a 1983, caracterizada por cinco décadas de
interrupciones militares, intolerancia, desencuentro y violaciones flagrantes
de los derechos humanos.
Tras conseguir
encontrarnos como sociedad en estas cuestiones, nos resta todavía transitar el
camino que ha sido, hasta el momento, esquivo: la estructuración de amplios
acuerdos sobre las políticas públicas que posibiliten continuar, perfeccionar y
profundizar el crecimiento económico y las novedosas medidas de inclusión
social de los últimos años. Este es el paso que nos falta dar para asegurar la
gobernabilidad democrática, aquello que nos debemos entre todos y para todos.
La convocatoria a una
discusión pública para blindar nuestra democracia y lograr resultados mediante
acuerdos políticos debería tener determinadas características para llegar a
buen puerto.
En primer lugar, el
gobierno que resulte elegido en las próximas elecciones es quien debería
convocarlo, porque su participación y presencia brindarían la dosis de voluntad
política necesaria para instrumentarlo. Se debería procurar también el mayor
alcance posible, al dar la posibilidad de participar del proceso a las
distintas fuerzas políticas sin excepciones. El diálogo paciente, sereno y
civilizado debería ser el instrumento utilizado una vez que se haya logrado
sentar a todas las partes en la mesa.
Es fundamental tener en
cuenta los tiempos y llevarlo a cabo fuera de una coyuntura electoral en la que
se discuten esencialmente candidaturas y coaliciones electorales, pues no se
trata del armado de un frente para ganar unas elecciones ni puede ser un
acuerdo de un sector en particular. Por último, se deberían acordar los
indicadores para determinar los avances y retrocesos de las políticas acordadas
y un mecanismo de publicidad para difundir su cumplimiento.
Los argentinos ya probamos
el costo amargo del desencuentro, con resultados catastróficos. La esperanza de
nuestra comunidad, consciente de los avances que ya hemos logrado, radica en
ver que este incipiente, pero trascendental encuentro, construido con esfuerzo
y entre todos desde 1983, finalmente se traduzca en una Argentina con mayor prosperidad
e igualdad.