sábado, 4 de junio de 2011

La hora crucial de Perú

Medio: La Nación (Argentina)


 


Nota:
A finales del año 2000, agobiado por numerosos escándalos y una ciudadanía movilizada, Alberto Fujimori salió del Perú para participar de la cumbre anual de la APEC en Brunei. El viaje oficial escondía la intención secreta de refugiarse en el Japón haciendo valer su doble nacionalidad. Presentó la renuncia a la presidencia de su país enviando un fax al Congreso, que no la aceptó y lo destituyó por "incapacidad moral".
El negro historial de gobierno que dejó Fujimori, después de una década durante la que había ejercido el poder cometiendo todo tipo de abusos y atropellos, incluyó un golpe de Estado para disolver el Congreso y los órganos de control del Estado, una lucha contra el terrorismo que atacaba blancos civiles mediante la tortura, y matanzas perpetradas por los militares del Grupo Colina, que le respondían.
También una connivencia con el narcotráfico que convertiría al Perú de productor de hoja de coca en productor de cocaína, atropellos contra la libertad de prensa y silenciamiento de periodistas, la búsqueda de una reelección mediante graves irregularidades denunciadas por la observación internacional, tráfico de armas y la aparición de millonarias cuentas en bancos del exterior a favor de su mano derecha en el gobierno, Vladimiro Montesinos.
La truculenta historia del "chino" Fujimori en el poder contó con muchos apoyos durante todos esos años de oscuridad y envilecimiento de las instituciones democráticas. Uno de esos soportes fue el de su hija Keiko en el papel de primera dama, quien ahora es la candidata del fujimorismo para enfrentar mañana, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, al candidato nacionalista Ollanta Humala.
El proceso electoral en curso tiene para Perú un carácter trascendental pues, en caso de que el fujimorismo regresara al poder, se estarían poniendo en peligro los avances logrados por parte de la justicia peruana que, de manera ejemplar y otorgando todas las garantías al acusado, condenó en 2009 a 25 años de cárcel a Fujimori tras ser hallado culpable como autor intelectual de delitos de lesa humanidad.
El enjuiciamiento de un ex presidente por delitos de ese calibre, a través de la concesión de la extradición de otro Estado, en este caso por decisión de la Corte Suprema de Chile, significó un antecedente único para Perú y un hecho con carácter universal, al confirmar, enaltecer y fortalecer el principio de jurisdicción universal para el castigo de los delitos de lesa humanidad, y puso a Perú y su sistema de justicia en el primer lugar del cuadro de honor de la historia de las democracias.
El fujimorismo, que se prepara para regresar el poder, ha desplegado un intento de revisar el paso dado por la justicia peruana a través de diversos recursos presentados ante el Tribunal Constitucional. El objetivo que persigue es lograr la liberación de Fujimori mediante una maniobra que tendría un revestimiento legal pero que estaría cargada de enormes sospechas de un arreglo orquestado debajo de la mesa para torcer un proceso que ha sido impecable.
Los detractores de Ollanta Humala, el rival de Keiko, lo acusan de estar emparentado con el modelo bolivariano, de tener una intención oculta de enquistarse en el poder, como ha hecho Hugo Chávez en Venezuela, de una tendencia que derivaría en el cercenamiento de libertades esenciales que minaría la incipiente democracia que se ha logrado instaurar y de una radicalidad en sus propuestas distributivas que pondría en peligro las bases de la prosperidad económica conseguida durante la última década.
Los diversos cuestionamientos a las propuestas de Humala y las dudas sobre sus verdaderas intenciones estarían también alimentadas por su supuesta participación en un alzamiento armado contra las instituciones democráticas, el "andahuaylazo", o las violaciones de los derechos fundamentales en lo que se conoce como "Madre Mía", base contraterrorista en la cual se desempeñó Humala. Estos preocupantes antecedentes, que han sido investigados por la justicia sin haber logrado establecer un vínculo con Humala hasta el momento, justificarían para muchos peruanos el voto por una candidata que garantizaría la continuidad del modelo económico vigente aun si su elección como presidente implicara el regreso al poder de aquellos que se sirvieron, como fue probado por la justicia en primera instancia y ratificado por la Corte Suprema, de los métodos más brutales para gobernar despóticamente durante una década.
La posibilidad de un retroceso democrático mediante la elección de la candidata solapada del fujimorismo ha puesto en guardia a diversas personalidades, como al escritor Mario Vargas Llosa o al prestigioso militante del Instituto de Defensa Legal Ernesto de la Jara. Tomando como dato la revisión hecha por Humala de su plan de gobierno, en la que demostró capacidad para escuchar y concertar, manifestó su acercamiento e identificación con Brasil como modelo a seguir, y convocó a personas capaces y honestas para los cargos electivos y la gestión de gobierno, han decidido otorgarle el beneficio de la duda y hacer un llamado a la ciudadanía para un voto condicionado a un seguimiento estricto de los contundentes compromisos públicos y las garantías de respeto a la democracia que hiciera durante la campaña el candidato nacionalista.
El valiente llamado a votar por Humala implica inevitablemente un riesgo para la democracia peruana y las libertades conseguidas por parte de un país que reaccionó con movilizaciones y marchas para poner punto final a una dictadura que había cometido torturas, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y todo clase de crímenes.
La alternativa de este apoyo crítico y condicionado al cumplimiento de los compromisos asumidos, que, de aplicarse, profundizarían el camino hacia mayores niveles de democracia e igualdad, podría significar el retorno de un régimen que llevó al Perú a vivir sus horas más desgraciadas.



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