domingo, 30 de septiembre de 2012

Nadine, un activo para la democracia peruana

Artículo publicado en El Comercio (26-09-2012)


Las precarias democracias de América Latina han ido posibilitando y generando, durante las últimas décadas, las condiciones para una mayor integración de la mujer en los espacios de decisión política. El notorio avance producido en este campo, aunque todavía exista un largo camino por recorrer dentro de un contexto donde el poder se ejerce esencialmente en clave masculina,  configura uno de los aspectos más positivos y promisorios dentro del juego democrático en nuestros países.

El rol de las primeras damas no es ajeno a ello y se ha ido reconfigurando y expandiendo dentro de esta evolución positiva. El marco tradicional que confinaba su rol a las actividades señaladas por el protocolo y las acciones sociales se ha ido superando paulatinamente para incluir otras modalidades. Como parte de este fenómeno se acepta que una primera dama, a pesar de no haber recibido un mandato popular por parte de la ciudadanía, despliegue un novedoso perfil que complementa y enriquece a un proyecto político que lidera su cónyuge pero en el que ella también forma parte como militante.

Son numerosos los ejemplos de los nuevos vientos que soplan como el de Hillary Clinton en Estados Unidos o el de Cristina Kirchner en la Argentina. En estos países la ciudadanía acogió favorablemente la novedad y legitimó con su voto el nuevo rol de estas compañeras que comparten un proyecto político que ayudaron a construir junto a sus maridos: Hillary fue electa senadora y recibió posteriormente gran cantidad de votos en la interna del partido demócrata para elegir un candidato a la presidencia y Cristina, luego de ejercer varios cargos electivos, llegó a la presidencia para ser reelegida recientemente por un amplio margen.

En el caso particular de Nadine Heredia sus características personales, entre las que sobresalen su intuición e inteligencia, han redituado en una evidente cuota de poder que ejerce dentro de un proyecto político que contribuyó a forjar y en el que juega un papel protagónico, aunque no definitorio, junto a su marido el presidente. La cuota de poder que a todas luces detenta es percibida por los peruanos y peruanas que la ubican a la par de su compañero en el esquema del poder según encuestas de opinión pública.

Nadine, a pesar de algunos errores que forman parte de la trayectoria de cualquier persona que decide actuar en política, está ejerciendo un rol distinto y con mayor protagonismo en comparación con lo que tradicionalmente se estilaba para las primeras damas del Perú y su labor es vista como positiva por un 54% de la ciudadanía según la última encuesta nacional de Datum. Las conclusiones que circulan en algunos sectores sobre una supuesta presidencia paralela o dual -que por momentos llega incluso a relegar o eclipsar al presidente en el proceso de toma de decisiones- parecerían ser entonces parte de una visión deformada de lo que realmente sucede en la cúpula del poder.

La democracia peruana es todavía frágil y débil institucionalmente. En ese contexto hay mayores incentivos y posibilidades para que los líderes manejen los asuntos de estado con impulsividad y sin contención que frene las pasiones. La presencia de una consejera que está demostrando tacto político y buen juicio para asesor a un presidente que al llegar al cargo no contaba con demasiada experiencia resulta un atractivo activo en el marco de una democracia que todavía tiene demasiadas fisuras.