Medio: La República
(Perú)
Fecha:
19/07/2011
Nota:
El
28 de julio el presidente Alan García, habiendo cumplido con el mandato
constitucional, entregará la administración del gobierno al presidente electo
Ollanta Humala. La ceremonia de traspaso del poder entre presidentes elegidos
en elecciones libres, que afortunadamente ya se torna en una costumbre en la
mayoría de los países de AL, tiene en el caso del Perú un significado
trascendente para la consolidación de su democracia.
Un
gobierno de izquierda elegido en las urnas gobernará por primera vez los
destinos de un país que, a pesar de haber tenido durante la última década los
índices de crecimiento económico más elevados de la región y logrado reducir
los índices de pobreza, todavía cuenta con una mayoría relegada y excluida, un
sector que no goza de los beneficios de la prosperidad económica y para el cual
el desarrollo todavía se muestra distante y esquivo.
El
mayor desafío político para el nuevo gobierno será satisfacer
adecuadamente esa demanda de inclusión proveniente de los sectores postergados
que eligieron un cambio, aplicando políticas públicas que posibiliten una mejor
distribución de la renta que genera la expansión de la economía de base
extractiva. Una mayor dosis de gobernabilidad será necesaria para implementar
esas medidas progresistas sin afectar a la vez el crecimiento económico y la
inversión extranjera.
La
coalición política que posibilitaría esa gobernabilidad democrática para
impulsar las reformas dependerá de la alianza entre los sectores de izquierda y
liberales que se unieron en la segunda vuelta electoral y que en conjunto
representan la primera minoría en el Congreso. Esta confluencia de sectores,
que emergió hace una década para la reconstrucción institucional que encabezó
el gobierno de transición del Dr. Valentín Paniagua luego de la implosión del
gobierno autoritario de Alberto Fujimori, emergió nuevamente en esta coyuntura
electoral para evitar el regreso de sectores conservadores al poder.
La
profundización e institucionalización de esta confluencia como opción dentro
del juego de la democracia representativa, que a nivel de la sociedad civil ha
tenido expresión en la coalición de los sectores que se nuclearon para velar
por los derechos fundamentales frente a la violencia política y reconstruir la
memoria, haría posible mayores niveles de equidad con menores niveles de
polarización y conflicto.
A
partir del 28 de julio se pondrá en juego el dilema que enfrentan países con
Estados débiles, mayorías relegadas que expresan demandas de inclusión y
minorías con gran poder de influencia y decisión. En última instancia, la
medida de la consolidación del sistema democrático estará dada por la
posibilidad de que las instituciones representen las demandas y anhelos de la
ciudadanía antes que los intereses de los sectores económicos.