Medio: Con distintos
acentos
Fecha: 09-2-2017
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Nota:
En el proceso
electoral de 2016 el supuesto que circulaba sobre el candidato Donald Trump era
que difícilmente podría llevar adelante una plataforma electoral con propuestas
tan extrañas a la política estadounidense. Las medidas que ha ido tomando en
los primeros días como presidente confirmaron lo contrario. A diferencia de lo
que muchos pensaban, los diques de contención institucionales que supuestamente
les pondrían un freno a sus intenciones, no parecen estar funcionando. Se van
confirmando así los peores presagios del padre de la Constitución
Norteamericana, James Madison, quien advirtió que la forma de gobierno
republicana podía desarrollar instituciones sólidas pero finalmente su
vitalidad iba a depender de los hombres. Es por eso que intentaron construir un
sistema que evitara el abuso del poder, dado que no se puede descansar en las
virtudes de aquellos que elegimos para gobernar. Trump está poniendo a prueba
la fortaleza de ese sistema y empujando los límites como ningún otro
presidente.
Las malas noticias
no llegan solamente desde la Casa Blanca. El rumbo errático que comienza a
corroer los cimientos que habían convertido a Estados Unidos en la primera
potencia, se replica de otra forma en la orilla opuesta del Atlántico. Los
británicos, enojados con la realidad que atraviesan, han dicho a sus líderes
políticos que cancelen la membresía en el más exitoso proceso político que
supieron forjar los europeos al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El
contagio ha sido rápido y algunos de los países que componen este gran bloque,
bajo el influjo de estos cantos de sirena, comienzan también a entusiasmarse con
retroceder hacia sus propias realidades nacionales. Europa, como faro de
civilización, comienza a cotizar a la baja.
Soplan vientos que
hacen crujir la legitimidad del orden liberal que con tanto esfuerzo se venía
construyendo en las últimas décadas, para convertir al mundo en un lugar más
civilizado para los seres humanos. La alternativa que se fortalece es de signo
inverso. La propuesta en formato de tabla de salvación son los muros que
permitirán el regreso al paraíso perdido. La idea de frenar y combatir a ese
mundo hostil es un elixir poderoso que cotiza en alta entre los más radicales.
Los márgenes para sostener la racionalidad se achican y el costo también se
eleva para aquellos que predican en el desierto, defendiendo la racionalidad
política que se escurre como arena entre los dedos ¿Hacia dónde mirar para
sostener la esperanza con políticos que desplieguen, citando la obra de John F.
Kennedy, “«perfiles de coraje»”?
Estamos viendo cómo
la brújula de ese camino de progreso liberal que lideraban las naciones más
desarrolladas está dejando de marcar un rumbo claro. En distintos medios los
menos pesimistas nos sugieren anclar nuestras pocas esperanzas en el ejemplo
del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Nos señalan que es una de las
pocas tablas en donde sostenernos ante los valores que se resquebrajan. Esa
recomendación proviene del despliegue de este político en medio de los
huracanes que nos azotan. Un ejemplo de ello pudimos verlo recientemente cuando
se reunió con un grupo de refugiados sirios que querían agradecerle el gesto de
haberles dado la bienvenida en persona hace un año. Las sentidas palabras de los
refugiados, que lo emocionaron hasta las lágrimas, dejan acaso en claro que
esas políticas de promoción de la diversidad nos fortalecen como civilización,
y es allí donde debemos volver.
Si Diógenes
estuviera entre nosotros buscando a un hombre con su linterna, probablemente se
detendría en Trudeau, un político que toma decisiones que contrastan con el
encandilamiento de esos fuegos de artificio, que le lanzan los demagogos a
tantos ciudadanos que hoy se encuentran llenos de ira con sus dirigentes. Hay algunos
perfiles de coraje que todavía sostienen nuestras esperanzas en medio de tanta
incertidumbre.