Medio: El Peruano
Fecha: 16-1-2017
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Nota:
El año que acaba de irse encuentra
probablemente el mejor balance en “La bancarrota de la humanidad”, una
expresión utilizada por el Papa Francisco en el acto de clausura del III
Encuentro Mundial de los Movimientos Populares para sintetizar el drama de un
sistema que dispone millonarios salvatajes para entidades financieras en
problemas mientras olvida a tantos seres humanos que se encuentran a la deriva.
El escándalo ético que denuncia el Papa
se centra en la forma que está funcionando una economía capitalista sin
controles ni otro horizonte que la rentabilidad. Se trata esencialmente del
retroceso ocasionado por el triunfo de ideas liberales a ultranza que
demonizaron y debilitaron el entramado de instituciones públicas que habían
sido creadas en las democracias más avanzadas para contener las pulsiones más
perjudiciales y desbordes del proceso de acumulación económica.
El mercado debía operar con plena
libertad para que la prosperidad tuviera lugar y derramara sus frutos hasta los
últimos peldaños de la sociedad. Sacar
al estado del medio, desfinanciar sus políticas sociales y reducirlo hasta la
mínima expresión era también parte de ese combo en el cual las cargas
tributarias tenían que ser reducidas en la cúpula para que el capital se
acumulara y la inversión fuera canalizada sabiamente por los sectores que
acumulan en el ciclo económico. Para llegar a esa tierra de prosperidad, que
vendría por añadidura con la remoción de trabas y frenos que impedían la acción
de los agentes económicos, las élites políticas jugaron un papel estelar.
El resultado que nos dejó esa
combinación de nefastas políticas que hoy denuncia el Papa fue la concentración
del ingreso más brutal que la humanidad jamás haya conocido. Hemos logrado
generar una particular fiesta para pocos con mayorías que se sienten frustradas
y olvidadas por una clase política acorralada por el poder e influencia sin
igual que lograron acumular los sectores económicos que se beneficiaron de esta
dinámica que tuvo lugar durante las últimas décadas.
Esa es la “bancarrota de la
humanidad” agobiada por una dinámica económica explosiva que vacía de contenido
las instituciones de aquellos pocos países que habían logrado forjar comunidades
integradas y sociedades civilizadas. Las propuestas reaccionaras que se están
engendrando en esas mismas democracias con instituciones que hoy languidecen
ante los sectores que tanto poder han concentrado, no parecieran ser los
remedios que la humanidad necesita para abordar los males que denuncia el Papa.
Nos vamos quedando sin faros que iluminen el camino y nos aguardan tiempos
turbulentos.