Medio: La
República
Nota:
Fecha: 04-04-12
Nota:
La cita, utilizada hasta
el hartazgo en artículos y ensayos, para explicar la buena situación que
atraviesa Brasil es el título de una obra de 1941 de Stephan Zweig: Brasil,
país de futuro. Zweig era un intelectual austríaco que había emigrado a Brasil,
un oasis de belleza y grandes posibilidades, escapando del asfixiante y
delirante nacionalismo nazi.
El pomposo título del
libro de Zweig había sido reconfigurado con un pequeño agregado por parte de
quienes veían en Brasil un promesa truncada en medio de la pobreza,
desigualdad, exclusión y violencia: Brasil, el país del futuro y siempre lo
será. De esa manera los brasileños resumían su frustración colectiva frente a un
destino de grandeza que les era esquivo y distante a pesar de todas sus
condiciones y potencialidad.
Aquel país donde hasta
hace algunas décadas la mitad de su población era analfabeta y la distribución
del ingreso se ubicaba entre las peores, se ha convertido en la sexta economía
del mundo y en un actor cada vez más influyente en los asuntos globales. El
gigante que tanta admiración genera, a pesar de los enormes desafíos internos
que todavía debe resolver, parece finalmente estar despertando de una larga
pesadilla de frustración para cumplir con el presagio de Zweig.
Las razones que han
generado el ciclo de expansión económica y consolidación institucional más
prolongada y sólida de su historia, según el consenso mayoritario entre
analistas y observadores, estaría en el impulso sostenido y constante de
determinadas políticas públicas que combinan el crecimiento económico con la
disminución de la pobreza, la indigencia y la exclusión. Detrás del fenómeno se
encuentra el particular estilo de conducción política, denominado como
presidencialismo de coalición, desarrollado, continuado y perfeccionado por dos
presidentes excepcionales que condujeron los destinos de Brasil durante casi
dos décadas: Fernando H. Cardoso y Lula da Silva.
Mediante el
presidencialismo de coalición, Cardoso y Lula, supieron convocar y sostener una
amplia coalición de gobierno que permitió aumentar los márgenes de
gobernabilidad para implementar, continuar y perfeccionar las políticas
públicas que demandaba un país con dimensiones y problemáticas gigantescas. Un
ejemplo de ello han sido las transferencias de ingreso condicionadas a las
jefas de familias más pobres, una política iniciada por Cardoso, la Bolsa
Escolar, perfeccionada y expandida por Lula en la Bolsa Familia y ahora continuada
por la presidenta Dilma Rousseff.
La estabilidad política y
económica, generada por las dos presidencias históricas, contó con el
ingrediente esencial que necesita una democracia para consolidarse
institucionalmente y es la restricción de la ambición de sus gobernantes
respetando las reglas de juego establecidas. Ni Cardoso ni Lula buscaron la
eternidad en el poder aun cuando gozaban de prestigio y apoyo al culminar sus
presidencias.
Brasil es un ejemplo de
liderazgo político excepcional y de una democracia conducida por una clase
política que ha privilegiado la construcción de amplios consensos para dar
lugar a la expansión de la participación y la inclusión de la ciudadanía sin
menoscabar la construcción de una sólida estructura representativa en el marco
del estado de derecho.